Cuando hasta la punta de una rama de un árbol me parezca hermosa, cuando me veas impulsarme para alcanzar la cumbre de sensaciones, cuando te des cuenta que no me hace falta ninguna ralla de falsa ilusión, cuando me veas prescindir de las hipócritas cordialidades. Solo ahí, habrás aprendido a saber leer, aunque solo sea de refilón la sombra de mi rebelde subconsciente, que siempre sale a saborear la dulce brisa de la libertad.
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